"El hombre muere en todos aquellos que
mantienen silencio ante la tiranía."
WOLE SOYINKA
Lo escuché bastante en los últimos días. Muchos de mis amigos defraudados ante los resultados electorales, lo repetían sin cesar: "Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece". Esta sentencia anónima se ajusta a la perfección para describir la situación pasada, actual y venidera de los colombianos.
No contentos con haber tenido en el altar del poder a un mismo y nefasto personaje durante ocho años , mis compatriotas han decidido elegir a un apéndice del mismo, al dedo meñique del tirano. Lo han ungido para que perpetúe el legado del culebrero presidente y siga ofreciéndole al pueblo llano las generosas viandas del engaño y el miedo, una perversa transformación del pan y circo romano ajustada a la realidad de un país ingenuo,que ha vivido sumido en la guerra durante toda su precaria existencia como nación y que se precia de celebrar doscientos años de independencia, cuando jamás ha dejado de ser una colonia de alguien más poderoso: los españoles, los norteamericanos, el miedo, la mentira, la guerrilla y el narcotráfrico.
Acostumbrados como estamos a depender del gobierno de turno y limitarnos a exclamar "¡Si yo hubiera sabido que iba a ser así no habría votado por él!" o en el peor de los casos "¡Deberíamos reelegirlo. Este berraco si le ha dado duro a la guerrilla!", hemos sido presa de un elaborado juego de manipulación y dosificación de la información que ni siquiera el maestro Hitchcock pudo haber hilvanado. Triste. Y lo es bastante, porque infortunadamente no se trata de un vicio de los líderes colombianos.
Alrededor del mundo y en el vecindario latinoamericano, las elaboradas mentiras han servido para extender regímenes en el tiempo, justificar guerras y tender enormes cortinas de humo para disfrazar realidades tan crudas como peligrosas. Piensen ustedes en el engaño al que sometió al mundo el gobierno Bush para justificar su sed petrolera en Iraq o las innumerables ocasiones en que Hugo Chávez presa de la paranoia del que se sabe dictador, asegura que quieren asesinarlo, contagiado quizás por una mezcla entre su delirio bolivariano y la admiración desmedida por Fidel.
En Colombia, la manipulación llega a niveles insospechados. Jugando con la sensibilidad del pueblo, el gobierno se acostumbró a jugar hábilmente las cartas del poder, para conseguir lavar su imagen y distraer la mirada de otros problemas en el momento justo. Como si fuera poco y ante la dificultad de denunciar, revelar o tan siquiera insinuar que todo es una gran mentira, desde la Casa de Nariño se orquestan las más descaradas intervenciones en política para garantizar como lo hicieron, que sigan los mismos, con las mismas.
Por estos días por ejemplo, ha empezado a circular en los medios información acerca del cerco militar que le han tendido a alias "Alfonso Cano", máximo lider del secretariado de las FARC. Para alguien tan malpensado como yo, esto no es más que la cuota inicial del gran acto de cierre del gobierno Uribe.
Por supuesto. Siempre que el gobierno se ha visto en aprietos, han rescatado a un secuestrado, capturado a un narcotraficante o dado de baja a un cabecilla guerrillero. Esta no será la excepción. Tengo la seguridad de que antes del 7 de agosto o en la primera semana de gobierno de Santos, habrán encontrado a "Cano".
Y es que sería el cierre ideal, para reforzar la idea de que la seguridad democrática es la solución a todos nuestros problemas y que de una forma u otra, es un acierto haber elegido al candidato de la continuidad. Sin contar con la elevación a los cielos del mesías, del enviado desde las montañas antioqueñas, del elegido que vino a salvar a Colombia de las garras de la guerrilla. Nuestro apreciado presidente saliente.
En fin. Hacía mucho tiempo no escribía en el blog y con esta entrada pareciera consolidarse un perfil político que no esperaba.
Amanecerá y veremos. O tal vez no, seguimos siendo un país de ciegos.